El 17 de mayo, cómo no podía ser de otra manera en todas las salidas de este curso de
krakoleta, amaneció lloviendo. Así que los planes de llegar hasta las minas se vieron alterados.
Menos mal que el grupo de whatssap y la insuperable organización de María hizo que nos
organizásemos para llegar a la hora.
Quienes habíamos pensado llegar en bici, cambiamos la bici por el coche, y el pertinaz
aguacero que caía al llegar al Olaizola, hizo que finalmente fuéramos en coche hasta el parking.
Menos mal que algunos valientes del primer turno hicieron parte del trayecto andando y con
un zirimiri que no llegó a ser molesto. (Maider, Iván, Ane y Amets tienen sello y medio esta
vez) y alguna osada, incluso en bici con carrito. ¡Begoña lo tuyo tiene mérito!. Y cómo no!
algún despistado que casi se va hasta Navarra, hizo que hubiera que mandar a coche de
rescate, pero finalmente todo el mundo llegó a la visita.
En la salida del primer grupo y la entrada del segundo, se sellaron las tarjetas de quienes se
acordaron de llevarla.
La visita estuvo genial. En esta ocasión las 82 personas que estábamos apuntadas nos
dividimos en dos grupos: La visita de una hora, que estaba prevista a las 10, y destinada a
menores de 6 años. Y La segunda, a las 11:30 con hora y media de duración y para más
mayores, con bajada hasta el fondo de la mina.
Hubo algunas bajas de habituales, que no pudieron apuntarse en esta ocasión por
compromisos familiares y que nos animaron en ese lluvioso día… Ya se sabe que mayo es mes
de comuniones.
Cada visita además se dividió en dos grupos. Unos empezaban viendo en el Centro de
Interpretación un video sobre el descubrimiento e historia de la mina. El otro entraba primero
en la mina y luego el video.
Antes de entrar, nos explican que es lo que vemos y lo que vamos a visitar. Mina de la que se
extraía plata, hierro, plomo, zinc y florita desde la época de los romanos hace 2000 años, y en
funcionamiento hasta 1984. Los distintos edificios: decantadores, zona de limpieza de
material, laboratorio, botiquín, dormitorios, almacenes… que están en el exterior, nos hicieron
lamentar que no hubiera hecho mejor tiempo para poder disfrutar de ese paisaje y entorno
tan estimulante.
La entrada en la mina toda una aventura. Y cómo buenos aventureros había que tomar
medidas de protección. Casco y por medidas de higiene, gorro de papel… (Vamos que
pareciera que en lugar de a una mina íbamos a un quirófano ¡con lo favorecedores que son
esos gorros!) . Los más txikis tuvieron sus problemillas para poder encajar semejantes cascos
en sus cabecitas y más de uno iba con el casco ladeado. Pero todos muy formales y sin
quitárselos en ningún momento. Bueno y listos. La entrada por la segunda galería.
Nos explican la diferencia entre las galerías de la época de los romanos, que calentaban la
pared con hogueras, y que luego se picaban a mano, por lo que su trabajo era mucho más
limpio y las paredes más lisas (median una media de 1,40 de altura y 1 m de ancho) . Y las
abiertas con dinamita, con bordes mucho más irregulares. Y es que la forma de abrir las
galerías es cómo recordamos haberlo visto en las pelis del oeste. Se hace un agujero con una
barrenadora. Se mete la dinamita, y boummmmmm!!. Se explota. Se recogen las piedras. Se
sacan fuera donde se limpia el material que se aprovechará y las piedras que se utilizarán
como relleno.

Las minas tenían 8 pisos de galerías y una profundidad de 100 metros. Entre galería y galería
hay unas columnas que aseguraban que no se vinieran abajo. Había un sistema de ascensores
que subía el mineral desde la planta 8 hasta el exterior. Por dentro se utilizaban maderas que
aguantaban bien la humedad (eucalipto, roble…). También tenían un sistema de canalización
del agua llamado cuniculum que llevaba el agua hasta la erreka exterior.
Dentro de las galerías se distinguen distintos colores en las paredes, indicadores del tipo de
mineral. Alguno dice que ha visto un murciélago.
Pudimos observar también algunas galerías tapiadas. Son las llamadas catas, que eran pruebas
que los mineros hacían para ver si había veta o no. Si no la encontraban las tapiaban. En
medio del impresionante y sobrecogedor silencio de la mina, de repente se oye un audio de
caída de rocas… Intimidante.
Los romanos, grandes ingenieros, construyeron también algunos pozos de agua, (que no spa
como dijo alguno) que se veían en las galerías inferiores. En esos pozos no hay animales, ni se
puede beber. Hoy en día las 5 galerías inferiores están inutilizadas.
Desde la pasarela central se pueden observar resto de las escaleras originales ya inutilizadas
por donde antaño bajaban los mineros a los niveles inferiores. Por una escalera adaptada y
segura, bajamos a la galería inferior. Escalera de semicaracol que impresionaba un pelín. Esta
parte de la visita es la que hicieron los del primer grupo… y es que bajar por esas escaleras con
criaturas pequeñas no es nada seguro.
Allí abajo, en la tercera galería pudimos ver con toda claridad los agujeros de los ascensores
elevadores, impresionantes, en una altura de 40 metros, (En total medía 100). También
pudimos observar las vagonetas con las que transportaban el material que bajaba por las
toberas. Nuestra guía respondió con paciencia a todas las preguntas que nuestros pequeños
aventureros y aventurares hacían sin parar.
Una barrena nos enseña cómo se hacían los agujeros para introducir la dinamita. También se
pueden ver las cicatrices que la barrena dejaba en la piedra. A esa altura aún hoy son visibles
restos de las galerías romanas, con sus repisas para lampernas, y donde se han recogido las
muestras más antiguas de tejido en la península. Todo impresionante y sobrecogedor. La
cúpula pintada con las precipitaciones de los minerales es una maravilla.

Y finalmente la salida, entre los raíles de las vagonetas, por otro lado. En el video se nos aclara
que la mina tuvo al menos 46 impresionantes galerías con una longitud de 15 a 18 kilómetros,
y que se introducían en la tierra, debajo de las Peñas de Aia. Como Juan Guillermo Thalacker
escribió en 1803 tras visitar las minas de Arditurri “Cuatrocientos hombres trabajando durante
doscientos años no hubiesen sido suficientes para horadar todas estas galerías”. En el video,
se nos explicó que el bidegorri por el que hoy se puede llegar en bonito paseo, fue en su día un
tren verde, que llevaba el mineral hasta Pasajes, y que en la creación de OIASSO (Irún) tuvo
mucho que ver ésta y otras minas que están bajo la falda de Peñas de Aia.
A la salida pudimos ver que había dejado de llover. De este grupo hubo quienes optaron por
hacer un hamaiketako allí mismo en el exterior de la mina. En el camino al parking nos dio
tiempo a disfrutar de la naturaleza, de coger algunas fresas silvestres y de picarse con alguna
ortiga, coger flores, ver animalillos… Y cada quien hizo planes, unos a casa, otros a comer por
ahí…. Cada mochuelo a su olivo.
Como conclusión, otra visita súper interesante que ha encantado a adultos y criaturas. La
siguiente salida será el 14 de junio. Igueldo – Orio. Sin visita. A ver si el tiempo se porta y nos
deja disfrutar de la campa y de la playa, y de la compañía. Ya os iremos comentando, pero
seguramente intentaremos fletar un par de buses que nos lleven del cole a Igueldo. Hacer
andando hasta Orio y volver en transporte público. Topo o bus.
Como esto no para, estamos preparando ya las salidas del próximo
curso, así que si tenéis alguna propuesta podéis mandarla al mail o al
blog, antes del 10 de junio.
Muchas gracias y hasta la próxima!!